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Archive for the ‘Emociones Atrapadas’ Category

karma21 1.- La ley de la Potencialidad Pura.

La primera ley espiritual del éxito es la Ley de la Potencialidad Pura. Esta ley se basa en el hecho de que nosotros, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura. La conciencia pura es potencialidad pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. La conciencia pura es nuestra esencia espiritual. Por ser infinita e ilimitada, es también alegría pura. Otros atributos de la conciencia son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Esta es nuestra naturaleza esencial. Nuestra naturaleza esencial es de potencialidad pura.

Aplicación de la Ley de la potencialidad pura

1. Entraré en contacto con el campo de la potencialidad pura dedicando algún tiempo cada día a guardar silencio, simplemente a ser. También practicaré a solas la meditación silenciosa al menos dos veces al día, aproximadamente treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche.

2. Dedicaré cierto tiempo cada día a entrar en comunión con la naturaleza y a presenciar en silencio la inteligencia que se encierra en todas las cosas vivas. Me sentaré en silencio a contemplar una puesta de sol, o a escuchar el sonido del mar o de un río, o simplemente a oler el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio, y entrando en comunión con la naturaleza, disfrutaré del palpitar de la vida, del campo de la potencialidad pura y de la creatividad sin límites.

3. Practicaré la abstinencia de juicios de valor. Empezaré mi jornada con esta afirmación de Un Curso de Milagros: “Hoy no juzgaré nada de lo que suceda“; y a lo largo del día me recordaré a mí mismo que no debo emitir juicios de valor.

2.- La ley de la Entrega

La segunda ley espiritual del éxito es la Ley de la entrega. También podríamos llamarla Ley del dar y del recibir, pues el Universo opera por el intercambio dinámico. Nada es estático. Toda relación se basa en un dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. En realidad recibir es lo mismo que dar, pues el dar y recibir son dos aspectos diferentes del flujo de la energía del universo. Y si interrumpimos el flujo de cualquiera de los dos, estamos obstaculizando la inteligencia de la naturaleza. Cuanto más entregue usted, más recibirá, pues mantendrá circulando en su vida la abundancia del universo. En realidad, cualquier cosa que tenga valor en la vida no hace más que multiplicarse cuando se entrega. La práctica de la Ley de la entrega es muy sencilla: si usted quiere tener alegría, entregue alegría a los demás; si quiere tener amor, aprenda a entregar amor; si quiere recibir atención y aprecio, aprenda a entregar atención y aprecio; si quiere abundancia de las cosas materiales, ayude a los demás a tener abundancia de cosas materiales.

Aplicación de la Ley de la entrega

1. Vaya donde vaya, llevaré un regalo para todas las personas con las que me relacione. El regalo puede ser una frase agradable, una sonrisa, una flor o una oración. Hoy entregaré algo a todas las personas con las que entre en contacto, y pondré en marcha así el proceso de circulación de la alegría, de la riqueza y de la abundancia en mi vida y en las vidas de los demás.

2. Hoy recibiré con agradecimiento todos los dones que me ofrece la vida. Recibiré los dones de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, o las lluvias de primavera, o la primera nieve del invierno. También estaré abierto a lo que recibo de los demás, ya sean regalos materiales, dinero, palabras amables u oraciones.

3. Me comprometeré a mantener la circulación de la riqueza en mi vida a base de entregar y de recibir los dones más preciosos de la vida: los dones del interés, del afecto, del aprecio y del amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé calladamente felicidad, alegría y buen humor.

3.- La ley del Karma o de la Causalidad

La tercera Ley espiritual del éxito es la Ley del Karma. El “karma” es a la vez acción y las consecuencias de esa acción; es causa y efecto, simultáneamente, pues toda acción engendra una fuerza de energía que vuelve a nosotros en igual cantidad. La ley del Karma no tiene nada de insólito. Todos hemos oído decir que “lo que sembramos es lo que cosechamos“. Evidentemente, si queremos crear la felicidad es nuestras vidas, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Por lo tanto, el karma implica el acto de tomar decisiones conscientes.

Aplicación de la Ley del Karma o de la Causalidad

1. Hoy observaré las decisiones que tomo en cada momento. Y por la simple observación de estas decisiones, las llevaré a mi atención consciente. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento del futuro es ser plenamente consciente en el presente.

2. Siempre que tome una decisión, me haré a mí misma dos preguntas: “¿Cuales son las consecuencias de esta decisión que estoy tomando?” y “¿Me producirá realización personal y felicidad a mí mismo, y se las producirá a aquellos a los que afecta mi decisión?”.

3. Después, pediré orientación a mi corazón y me dejaré guiar por su mensaje de bienestar o de malestar. Si la decisión me produce una sensación de bienestar, seguiré adelante sin titubear. Si la decisión me produce malestar, me detendré para ver las consecuencias de mi acto con mi visión interior. Esta orientación me capacitará para tomar decisiones espontáneamente correctas para mí mismo y para todos los que me rodean.

4.- La ley del Mínimo Esfuerzo

La cuarta Ley espiritual del éxito es la Ley del mínimo esfuerzo. Esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con una facilidad libre de esfuerzos y con una despreocupación tranquila. Este es el principio de la acción mínima, de la no resistencia. Este es, por lo tanto, el principio de la armonía y del amor. Cuando aprendemos de la naturaleza esta lección, realizamos fácilmente nuestros deseos. Gastamos un esfuerzo mínimo cuando nuestros actos están motivados por el amor, porque la energía del amor es la que da cohesión a la naturaleza. Cuando buscamos el poder y el control, estamos derrochando energía.

Aplicación de la Ley del Mínimo Esfuerzo

1. Practicaré la aceptación. Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal como ocurran. Se que este momento es tal como debe ser, porque todo el universo es tal como debe ser. No lucharé contra todo el universo luchando contra este momento. Mi aceptación es total y completa. Acepto las cosas tal como son en este momento, y no tal como deseo que fueran.

2. Habiendo aceptado las cosas como son, asumiré la responsabilidad de mi situación y de las circunstancias que veo como problemas. Se que asumir la responsabilidad significa no echar a nadie ni a nada la culpa de mi situación, ni siquiera a mi mismo. Se también que todo problema es una oportunidad camuflada, y esta atención a las oportunidades me permite tomar este momento y transformarlo en un beneficio superior.

3. Hoy, mi atención quedará establecida en la indefensión.  Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de vista: No sentiré ninguna necesidad de convencer ni de persuadir a los demás para que acepten mi punto de vista. Me mantendré abierto a todos los puntos de vista y no estaré apegado rígidamente a ninguno de ellos.

5.- La ley de la Intención y del Deseo

La quinta Ley espiritual del éxito es la Ley de la intención y del deseo. Esta ley se basa en el hecho de que la energía y la información están por todas partes en la naturaleza. En concreto, al nivel del campo cuántico no existe nada que no sea energía e información. El “campo cuántico” no es más que otro nombre del campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y este campo cuántico es influido por la intención y por el deseo. La intención es el poder verdadero que está detrás del deseo. La intención acompañada de desapego conduce al conocimiento del momento presente, centrado en la vida.

Aplicación de la Ley de la Intención y del Deseo

1. Prepararé una lista de todos mis deseos. Llevaré conmigo esta lista dondequiera que vaya. Repasaré la lista antes de mis ratos de silencio y de meditación. La repasaré antes de acostarme por la noche. La repasaré cuando me despierte por la mañana.

2. Liberaré esta lista de deseos y la someteré al vientre de la creación, confiando en que, cuando las cosas no parecen marchar a mi favor, es por un motivo, y en que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho más grandes todavía que los que yo he concebido.

3. Me recordaré a mis mismo que debo practicar el conocimiento del momento presente en todos mis actos. Me negaré a permitir que los obstáculos consuman y disipen la calidad de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y manifestaré el futuro a través de mis intenciones y deseos más profundos y más apreciados.

6.- La ley del Desapego

La sexta Ley espiritual del éxito es la Ley del Desapego. La Ley del Desapego dice que para adquirir cualquier cosa en el universo físico es preciso renunciar al apego a esa misma cosa. Esto no quiere decir que abandonemos la intención de crear nuestro deseo. No abandonamos la intención, ni abandonamos el deseo. Abandonamos nuestro apego al resultado. Todo lo que usted desee lo puede adquirir a través del desapego, pues el desapego se basa en la fe sin reparos en el poder de su Yo verdadero. El apego, por su parte, se basa en el miedo y en la inseguridad; y la necesidad de seguridad se basa en la falta de conocimiento del Yo verdadero.

Aplicación de la Ley del Desapego

1. Hoy me comprometeré a practicar el desapego. Me permitiré a mí mismo y a los que me rodean la libertad de ser tal como somos. No impondré rígidamente mi idea de cómo deben ser las cosas. No impondré soluciones forzadas a los problemas, creando así nuevos problemas. Intervendré en todo con participación desapegada.

2. Hoy añadiré la incertidumbre como ingrediente esencial de mi experiencia. En mi disposición a aceptar la incertidumbre, encontraré soluciones que surgirán del problema, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré yo, pues la incertidumbre es el camino que me conduce a la libertad. Encuentro mi seguridad a través de la sabiduría de la incertidumbre.

3. Me adentraré en el campo de todas las posibilidades y esperaré la emoción que puede producirse cuando me mantengo abierto a un número infinito de opciones. Cuando me adentre en el campo de todas las posibilidades, viviré toda la alegría, la magia y el misterio de la vida.

7.- La ley del Dharma o del Propósito de la Vida

La séptima Ley espiritual del éxito es la Ley del Dharma. “Dharma” es una palabra sánscrita que significa: “propósito de la vida”. La Ley del Dharma dice que nos hemos manifestado bajo forma física para cumplir un propósito. El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia, y lo divino asume forma humana para cumplir un propósito. Según esta Ley, cada uno de nosotros tiene un talento singular y una manera de expresarlo. Existe algo que cada uno de nosotros puede hacer mejor que nadie más en todo el mundo; y para cada talento singular y para cada expresión singular de ese talento existen también unas necesidades singulares.

Aplicación de la Ley del Dharma o del Propósito de la Vida

1. Prestaré atención al espíritu que está dentro de mí y que anima tanto mi cuerpo como mi mente. Me despertaré a esta profunda quietud que está dentro de mi corazón. Llevaré conmigo la conciencia del Ser intemporal, eterno, dentro de la experiencia temporal.

2. Prepararé una lista de mis talentos singulares. Después, prepararé una lista de todas las cosas que me gusta hacer mientras expreso mis talentos singulares. Cuando expreso mis talentos singulares, y los pongo al servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y genero abundancia en mi vida, así como en las vidas de los demás.

3. Me preguntaré todos los días: “¿Cómo puedo servir?” y “¿Cómo puedo ayudar?”. Las respuestas a estas preguntas me permitirán ayudar y servir con amor.

*** Resumen del libro: “Las siete Leyes Espirituales del Éxito” de Deepak Chopra.

¡Felices vacaciones a todos! :) <3

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perigeo

Este es un Curso de Milagros. Es un  curso obligatorio. Sólo el momento en que decides tomarlo es voluntario. Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado. Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.

Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:

Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.” <3

El Curso de Milagros es un conjunto de tres libros publicado por la Fundación para la Paz Interior. Consta de un texto de 754 páginas, un Libro de Ejercicios de 552 páginas y un Manual para el Maestro de 100 páginas. Es un libro de autoayuda y no hay estructura, organización ni sistema de liderato recomendados o ni siquiera implícitos en su enseñanza. La Fundación para la Paz Interior lo único que hace es publicar materiales relacionados con el Curso.

Del estudio de estos libros llegué a entender que tan solo existen dos emociones: el amor, que es nuestra herencia natural, y el miedo, un invento de nuestras mentes y que es ilusorio. Todos los instantes del día elegimos entre las dos emociones y nuestra elección determina el tipo de día que tenemos y el modo en que percibimos el mundo. Si enseñamos miedo, la descripción de la realidad que aceptaremos como propia estará llena de miedo. Y de la misma forma un mundo lleno de amor será nuestro cuando extendamos solamente amor. Esto significa que el mundo no tiene que cambiar antes de que nosotros seamos felices, apacibles o cuidadosos con los demás. Lo único que tiene que cambiar es nuestra actitud. Y el cambio de actitud es posible, no obligatorio.

A medida que avanzaba en el estudio del Curso noté que crecía en mí una extraordinaria excitación al tomar conciencia del maravilloso potencial que poseía: la capacidad de cambiar mis percepciones. Debían ser corregidas eligiendo tranquilamente los pensamientos que me permitía tener. No necesitaba sentirme en modo alguno aplastado por las circunstancias. No necesitaba culpabilizar a los demás por mi infelicidad o por mi estrés. Y, por supuesto, tampoco necesitaba pedir a los demás que cambiaran sus percepciones. Lo único que tenía que hacer era aceptar mi propia sanación. Tal vez nada resuma de forma más sucinta estas ideas que la cita siguiente. Es además un resumen perfecto de la sanación de la actitud.

Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido que metas deseo alcanzar. Y todo lo que parece sucederme lo pido y recibo tal como he pedido.

El Curso puede ser descrito como una psicoterapia espiritual. Implica que somos terapeutas unos de otros, ayudando a cada cual a determinar lo que es verdad y lo que sólo es ilusión. Enseña que nos liberamos al ver a los demás y a nosotros mismos libres de culpa y carentes de miedo. Esto nos ayuda a corregir un error fundamental: la creencia de que la ira nos proporciona algo que deseamos y que, por tanto, al justificar la ira nos protegemos a nosotros mismos.

El Curso contempla la realidad como compuesta únicamente por los pensamientos de Dios que son amorosos, constantes y que incluyen a todo. Enseña que el mundo real, que refleja la verdad, sólo puede ser contemplado a través de la visión espiritual o el amor, y no a través de los sentidos físicos. El pecado es definido como la falta de amor. El mal, la culpa y el pecado son errores de percepción. En el mundo de la ilusión, donde sólo vemos con los ojos de nuestro cuerpo, todo lo que poseemos tiene su opuesto o su precio y nada de lo que hay es seguro o constante o en reposo. En el mundo real, estamos en casa pues conocemos el amor de Dios.

El Curso pone el énfasis en la aceptación de la paz. Enseña a sus lectores a preocuparse con la experiencia de Dios en vez de tratar de adquirir ningún tipo de conocimiento teológico. Afirma que una teología universal es imposible, pero una experiencia universal no sólo es posible sino que es necesaria. Aunque usa una terminología cristiana, señala y refuerza la idea de que la verdad incluye a todos. Afirma con toda claridad que el Curso de Milagros es uno de los mil “cursos” posibles para la transformación y la salvación personales, y que cada uno descubrirá más tarde o más temprano su propio camino.

El Curso es un instrumento de enseñanza que nos ayuda a diferenciar y luego elegir entre dos sistemas diferentes de creencias, uno de conocimiento y otro de percepción. El conocimiento es simplemente lo que es verdad. Es todo lo que existe. Lo que la mente percibe puede no ser digno de crédito. Seguimos siendo tal como el Amor nos creó, pero solemos vernos de forma bastante diferente a esa creación.

Nuestras mentes se encuentran inmersas en el sistema de pensamiento de la percepción: piensan que es lo único real y pueden defender esta aparente realidad hasta la misma muerte. Pero no es más que un conjunto de creencias que establece que el cuerpo es el centro y el límite de nuestra realidad. Al pensar que el cuerpo es nuestra casa, concebimos el nacimiento como nuestro comienzo y la muerte como el resumen final de todo lo que hemos pensado y hecho. No hay esperanza real de vida después de la muerte porque en este sistema de creencias la vida y el cuerpo son percibidos como exactamente lo mismo.

Este sistema perceptual depende, naturalmente, de lo que vemos y oímos. Como nosotros seleccionamos lo que queremos percibir, el sistema resulta en definitiva inestable e impreciso. Lo que experimentamos con nuestro cuerpo nos parece real porque refleja lo que deseamos ver y oír. El Curso afirma que la proyección hace la percepción. Lo que vemos y llamamos el mundo no es más que una representación exterior de nuestros pensamientos y deseos. Llegamos a disociarnos de esas imágenes y negamos que comenzaran en nuestra mente. Vemos el mundo externo y las personas que lo pueblan como si estuvieran totalmente separados de nosotros mismos y hurtamos a nuestra conciencia el hecho de que todo lo que vemos es un reflejo de nosotros mismos de diferente forma.

Cuando analizamos nuestro comportamiento, nos hacemos demasiado críticos y nos tratamos sin amor, y asumimos automáticamente un mundo colérico, carente de amor y desprovisto de esperanza. Entonces podemos llegar a tomar conciencia de que nuestro único enemigo son los pensamientos de ataque en los que nos complacemos y las actitudes carentes de amor que mantenemos. Cuando llegamos a reconocer estos errores mentales, podemos adquirir un nuevo marco mental con el que mirar atrás y ver un mundo que refleja lo que Dios hizo. Al abandonar todos nuestros distorsionados conceptos podemos recordar que lo único real que existe es el amor, que siempre ha estado aquí.

El guía que ayuda a elegir entre los dos mundos es un mediador que recibe muchos nombres: Jesús, Guía, Maestro, Voz de Dios, intuición, yo superior, yo profundo o cualquier otro. Esta voz interna siempre está presente para ayudarnos cuando la invocamos y decidimos seguir sus consejos. Gracias al perdón, corrige los errores de percepción de que estamos separados. En el instante del perdón desaparece el mundo ilusorio de la separación y experimentamos el mundo real de la unidad. Reconocemos, entonces, que la vida y el cuerpo son cosas diferentes…y nos damos cuenta de que la vida es eterna.

El Curso nos alienta amorosamente a que no tomemos decisiones sobre nosotros mismos sino a que busquemos siempre la voz de la paz interna para que nos guíe en todo tipo de asuntos. Nuestra capacidad para escuchar las orientaciones del amor es una habilidad que la mayor parte de nosotros no hemos desarrollado. Sin embargo, todos la tenemos. Y lo único que necesitamos es empezar a utilizarla. Cada esfuerzo que hacemos para seguir nuestra preferencia apacible nos trae más paz a nuestra experiencia. Desarrollar nuestra capacidad de oír los dictados del amor es imprescindible para nuestro progreso, pues en todo lo que hagamos tomaremos la decisión entre el amor o el miedo. No existe una tercera alternativa.

Cuando empiezas a experimentar Un Curso de Milagros, estás entrando a un nuevo mundo. Contenido en sus páginas están las herramientas que te permitirán ver el mundo en una luz totalmente diferente. Este nuevo mundo que descubrirás es un mundo de un amor inmutable, un mundo de una paz duradera, de una alegría infantil y de absoluta libertad. Este amor, esta paz, esta alegría y esta libertad son tan grandes que se extienden aún más allá de lo que se puede comprender con nuestras mentes pensantes. El nuevo mundo de Un Curso de Milagros ya existe muy profundo dentro de nosotros, donde siempre ha estado y siempre permanecerá. Y lo único que se necesita para entrar a ese mundo es tu disposición a reconsiderar, a retar cada creencia que ahora mantienes. Brent Haskell, La otra Voz

Antes de que yo empezara a estudiar el Curso, solía elegir siempre los consejos del conflicto y del miedo en vez de seguir mi preferencia interna por la paz. Empleaba mi mente como si no tuviera otra misión que la de encontrar defectos en todo. La aplicación práctica de las lecciones del Manual me fue de suma utilidad como modo de cambiar el marco conceptual de mi mente desarrollando mi capacidad de escuchar y de sanar mis actitudes hacia los demás. Por ejemplo, antes no había pensado nunca seriamente la idea: No soy una víctima del mundo que veo, que es una de las 365 lecciones del Manual. Toda mi vida, por el contrario, había cantado la canción: Soy una víctima del mundo que veo.

Otras lecciones que me han parecido especialmente interesantes:

  • Puedo decidir cambiar todos los pensamientos que me hacen daño.
  • Nunca estoy enfadado por la razón que creo.
  • El miedo no tiene ninguna justificación.
  • Sólo mi propia condena me hace daño.
  • El perdón es la llave de la felicidad.

Estas lecciones y otras más me proporcionaron un modo estructurado para empezar a liberarme del pesado lastre del pasado y de mi fijación con el dolor y con la culpa. El modo en que miraba el mundo y usaba mi mente comenzaron a cambiar. Por primera vez en mi vida, empecé a comprender la verdad de que cambiar nuestros juicios es ciertamente la llave de la felicidad.

Aunque mi resistencia a este enfoque vuelve a manifestarse alguna que otra vez, cada vez lo hace con menos frecuencia. Sin embargo, sigue sorprendiéndome, al margen de lo que he dicho en este capítulo, cuantas veces sigo prefiriendo tener razón que ser feliz. Pero me siento agradecido, pues cada momento es una nueva oportunidad para elegir la paz en lugar del conflicto y de responder, por tanto, mucho más plenamente a las necesidades de los demás.

Precisamente sobre esto trata la sanación de la actitud. Es la liberación de todos los pensamientos de nuestra mente excepto de los pensamientos amorosos. Es la rectificación del error de percepción que nos hace vernos separados unos de otros, lo que justifica el ataque. Es el abandono de la necesidad de analizar, interpretar y evaluar nuestras relaciones. La sanación de la actitud es simplemente ver como los demás extienden su amor o verlos asustados pidiendo a gritos nuestro amor. Es desprendernos del miedo y de la culpa y decidir ver a todo el mundo, nosotros incluidos, como inocentes. La sanación de la actitud tiene lugar cuando tomamos la decisión de enseñar sólo amor. <3

***Texto extraído del libro: “Enseña sólo Amor. Principios de la sanación de la actitud y sus aplicaciones.” Gerald G. Jampolsky

Y si quieres introducirte en las enseñanzas del Curso de manera sencilla te recomiendo, del mismo autor, su libro: “Amar es liberarse del miedo“.

Hoy el vídeo es de una persona, Sergi Torres, que para mi es la viva imagen de lo que el Curso promueve: honestidad, libertad y amor, aderezado con sentido del humor. En este espacio ya compartimos su película: “Yo libre, un viaje al instante presente“. Espero que este vídeo también os resulte interesante. :)

Felices vacaciones a todos. :)

 

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la intuicion

“Para mí, la palabra inspiración significa estar en contacto con el espíritu. Cuando estamos unidos al mundo espiritual, estamos inspirados… y estamos inspirados porque hemos retomado la conexión con ese mundo espiritual y somos plenamente conscientes del espíritu que reside en nuestro interior. Estar inspirado es una experiencia dichosa: nos sentimos conectados por completo a nuestra fuente y a nuestro objetivo; nuestras corrientes creativas fluyen y aportamos una energía excepcionalmente poderosa a nuestra vida diaria. No nos juzgamos a nosotros mismos ni a los demás; carecemos de sentido crítico en ese aspecto y no nos molestan los comportamientos y las actitudes que resultan frustrantes en momentos faltos de inspiración. Nuestro corazón se alborota con cada respiración, y somos tolerantes, alegres y cariñosos.

Estar inspirado no se limita necesariamente al trabajo o a las actividades que realizamos de forma cotidiana. Podemos estar inspirados y al mismo tiempo no tener claro cual es nuestra vocación ni que actividades queremos poner en nuestra agenda. La inspiración es el reconocimiento del espíritu que reside en nuestro interior.Wayne Dyer

Puedes confiar en que si haces algo que no es adecuado para ti, tampoco lo será para nadie. La única razón del Mundo Sencillo para actuar es la inspiración. Si actúas por alguna otra razón, no estás en el Mundo Sencillo, ni has sintonizado con el Diseño para la Armonía, por lo tanto, nadie sale beneficiado.

Aunque los «debería» suelen venir de otras personas, también pueden proceder de tus propias construcciones mentales basadas en las conclusiones que has sacado del mundo que te rodea. Puede que sean las normas que aprendiste de tus padres, profesores o de otros modelos de conducta. Observa el humor macabro de esto: puede que todavía estés permitiendo que tus acciones las dicten los egos de personas que hace décadas que ya no forman parte de tu vida, ¡y algunas de ellas puede que ni siquiera estén ya en el planeta!

Simplemente di «sí» al Mundo Sencillo, y automáticamente dirás «no» a los «debería».

Un asistente del mecanismo del «debería» es la «indecisión». La indecisión es uno de los múltiples métodos de sabotaje del Dictador del Mundo Complicado. En el Mundo Sencillo no hay indecisión porque no existe una presión arbitraria para hacer algo. No hay nada que forzar. O estás naturalmente inspirado, lleno de energía y con ganas de hacer algo, o no haces nada.

La indecisión se produce cuando intentas retener o recobrar la autonomía de tu propia energía mediante la resistencia. Sucede cuando te resistes a tener que hacer algo sin estar inspirado y sin energía para hacerlo. Por supuesto, esperar a que llegue la inspiración y la energía es puramente Mundo Sencillo, pero cuando entra en juego la resistencia, estás en el Mundo Complicado.

No puedes estar en el Mundo Sencillo, sintonizado con el Diseño para la Armonía y bajo la guía de tu Espíritu, cuando estás ocupado rebelándote contra la persona que te está imponiendo el «debería», ya sea tu madre, tu pareja o el DMC (Dictador del Mundo Complicado-ego) de tu propia mente. Has de abandonar la resistencia para trascender la indecisión.

Lo único que has de hacer es invocar el Mundo Sencillo, respirar, relajarte, permitir, disfrutar y confiar en que te llegará la inspiración y la energía para hacer lo que sea necesario en el momento adecuado, sin importarte lo que diga alguien más, incluido tu ego. Si aplazas todo sistemáticamente, ¡te sorprenderás al descubrir cuánta energía liberas y lo productivo que te vuelves por el mero hecho de abandonar la resistencia y sintonizar con las directrices del Mundo Sencillo respecto a la acción!

A pesar de lo que pueda decirte tu ego, a veces la acción apropiada es la no acción absoluta, o lo que algunos clasificarían incorrectamente como indecisión. A veces hay una razón importante para demorar una acción que parece que se ha de hacer más bien pronto que tarde.

Cuando abandonas el concepto de indecisión —cuando dejas de rebelarte contra las voces externas (e internas) que intentan seguir un plan que no es el de tu Espíritu—, te liberas para recibir la verdadera inspiración que viene acompañada de la motivación y la energía necesarias para actuar enseguida si así se requiere.
Veamos las palabras «inspirado» y «lleno de energía». Inspirado significa que tu Espíritu te está motivando desde dentro. Tu Espíritu, siempre perfectamente sintonizado con la Fuente y con el Diseño para la Armonía, sabe exactamente lo que ha de hacer. No sólo sabe lo que has de hacer, sino también cuándo es el momento adecuado para que tu acción dé el fruto deseado y para que la emprendas. Sólo entonces te da la señal para actuar.

¿Cómo te inspira el Espíritu? Te informa a través de un impulso o de un pensamiento que puede venir como una comprensión repentina o uno de esos «momentos en que se «te enciende la bombilla», un conocimiento moderado, o incluso como un recordatorio inconsciente de lo que has de hacer para facilitar la resolución perfecta y armoniosa de las cosas. Te da la entrada para actuar cuando las condiciones son propicias.

Por supuesto, has de estar receptivo para recibir estas señales de tu Espíritu. Si estás preocupado, intentando resolver o hacer que sucedan las cosas, no cabe duda de que estás fuera del Mundo Sencillo, y lo más probable es que ni siquiera seas consciente cuando tu Espíritu te dé la señal para llevar a cabo la acción propicia que moverá las cosas eficiente y eficazmente hacia una resolución armoniosa.

Con la inspiración te sentirás lleno de energía para hacer lo que necesitasLleno de energía significa que la energía se ha despertado dentro de ti para hacer lo que se supone que has de hacer. Cuando recibas la señal de tu Espíritu, sentirás cómo te brota la energía para hacerlo. Es decir, junto con el impulso, sentirás una oleada: una oleada de energía.

Si es el momento de actuar, no se producirá la situación de que tienes una idea, pero estás demasiado cansado para actuar. ¡Si estás demasiado cansado o no tienes ganas de hacer algo, significa que no es tu momento para hacer lo que sea que tengas que hacer! Cuando sea el momento, estarás en el Mundo Sencillo, tendrás la inspiración y la irreprimible energía para llevar a cabo lo que sea. Cuenta con ello. Aunque sea algo que antes no te apeteciera mucho hacer, la energía fluirá a través de ti y no te supondrá ningún esfuerzo.

Descubrirás que uno de los trucos favoritos del ego para devolverte al Mundo Complicado es decirte que eres un holgazán cuando haces sólo hasta donde alcanza tu energía. No te lo creas. Cuando te relajas y sabes que siempre recibes la cantidad de energía que necesitas para hacer tu parte en el momento preciso, experimentas la magia del Mundo Sencillo y ves que todo se hace con eficacia, con eficiencia y en el momento perfecto.

Si ves que se ha de hacer algo y has elegido el Mundo Sencillo, pero no estás inspirado ni tienes energía para actuar, puedes confiar en que sucede una de estas tres cosas:

1.  Todavía no es el momento de hacerlo (y la inspiración y la energía aparecerán cuando sea el momento).

2.  Le toca hacerlo a otra persona y tú has de relajarte y permitir que quienquiera que sea se inspire y sienta la energía para hacer lo que se ha de hacer. (A las personas que facilitan las cosas en el Mundo Sencillo las llamo «agentes del Mundo Sencillo».)

3.  A pesar de lo que pueda parecer, no es necesario hacerlo. (Generalmente, te das cuenta de ello al cabo de un tiempo)

*** Texto extraído del libro: “El Mundo Sencillo“, de Julia Rogers Hamrick. Un libro sencillo pero no por ello menos profundo. Uno de mis libros de cabecera. :)

*** Fuente: Blog “Vivir en la Luz

Hablando de “inspiración”, las charlas TED son una fuente inagotable de ella y quiero compartir con vosotros esta sobre la “vulnerabilidad” que me gustó especialmente. Espero que os guste y os “inspire”. ;)

Feliz semana a todos. <3


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Human Metamorphosis by Taylor James

Siempre que el Universo nos invita a algo nuevo, ocurre una agitación interna. Muchos buscadores se mueven en busca de paz, y lo que encuentran es una gran agitación, porque este movimiento en dirección a la paz precipita contenidos internos que estaban acomodados. Cuando te mueves en dirección a la verdad, ella te sacude, la gracia comienza a mover tu energía, y va despertando todo lo que esta dormido dentro de ti. Así, el océano interno se agita, pero es desde esta agitación que nace lo nuevo. ~ Sri Prem Baba, “La flor del día”

La mayor parte de lo que se nos dice sobre el despertar suena como un argumento para vendernos la iluminación. Cuando tratan de vendernos algo, sólo nos cuentan los aspectos positivos, e incluso es posible que nos cuenten cosas que no son verdad. En el intento de vendernos el despertar, se nos refiere que la iluminación tiene que ver con el amor y el éxtasis, la compasión y la unión, y otras experiencias positivas. Suele estar envuelto en historias fantásticas, de modo que llegamos a creer que el despertar tiene que ver con milagros y poderes místicos. Uno de los argumentos de venta más habituales es la descripción de la iluminación como una experiencia de dicha. Consecuentemente, la gente piensa: “Cuando despierte espiritualmente, cuando sienta la unión con Dios, entraré en un estado de éxtasis constante”. Por supuesto, ésta es una comprensión equivocada del despertar.

El despertar puede ir acompañado de dicha, porque la dicha es un subproducto del despertar, pero no es el despertar mismo. Mientras vayamos buscando subproductos del despertar, perderemos de vista la esencia. Esto es un problema, porque muchas prácticas espirituales intentan reproducir los subproductos del despertar sin lograr el despertar mismo.

Es importante que sepamos qué no es el despertar para que no vayamos detrás de sus subproductos. Debemos renunciar a la búsqueda de estados emocionales positivos a través de la práctica espiritual. El camino del despertar no consiste en sentir emociones positivas. Al contrario, es posible que la iluminación no sea en absoluto fácil ni positiva. No resulta sencillo dejar que aplasten nuestras ilusiones. No es fácil soltar percepciones muy arraigadas. Incluso podríamos experimentar una gran resistencia a reconocer esas ilusiones que nos producen mucho dolor.

Mucha gente no sabe que se va a encontrar con todo esto cuando emprende la vía del despertar espiritual. Como maestro, una de las cosas que averiguo sobre los discípulos al comienzo de nuestra relación es si están interesados en el despertar: ¿quieren realmente la verdad o sólo desean sentirse mejor? Porque el proceso de descubrir la verdad podría no ser un proceso en el que nos sintamos cada vez mejor. Puede ser uno en el que tengamos que mirar todo honestamente, con sinceridad, y eso puede ser fácil o no.

La llamada sincera de la realidad, la llamada sincera del despertar, es una llamada que viene de un lugar muy profundo de nuestro interior. Viene de un lugar que prefiere la verdad a sentirse bien. Si nuestra preferencia es sentirnos bien en todo momento, continuaremos engañándonos a nosotros mismos, porque intentar sentirse bien en el momento es exactamente la manera que tenemos de engañarnos. Pensamos que nuestras ilusiones hacen que nos sintamos mejor. Para despertar, tenemos que romper con el paradigma de tratar siempre de sentirnos mejor. Por supuesto que queremos sentirnos mejor; esto forma parte de la experiencia humana. Todo el mundo desea sentirse bien. Nuestro cableado interno, nuestro sistema nervioso, nos lleva a buscar todavía más profundo, y es lo que describo como el impulso de despertar.

Este impulso de despertar es el que nos da la valentía de examinar todas las maneras que tenemos de engañarnos a nosotros mismos.

Otro de los grandes errores con respecto al despertar o la iluminación es que se trata de algún tipo de experiencia mística. Podríamos esperar una experiencia similar a la unión con Dios: un fundirse con el entorno o disolverse en el océano. Esto no es así. Y el despertar tampoco consiste en poseer de repente una gran comprensión cósmica: comprensión de cómo está construido el universo, comprensión de como opera internamente lo que pensamos que es la realidad.

Podría seguir indefinidamente, pero, en esencia, lo importante es darse cuenta de que el despertar espiritual es muy diferente a tener una experiencia mística. Las experiencias místicas son preciosas. En muchos sentidos son las experiencias más elevadas y placenteras que un “yo” puede tener. El “yo” siempre busca la unión.

No estoy diciendo que las experiencias místicas no tengan valor, o que no sean transformadoras, porque suelen serlo. Las experiencias místicas pueden cambiar la estructura del yo egótico de manera radical,  y a menudo de maneras muy positivas. De modo que, en el mundo de las cosas relativas, las experiencias místicas tienen su valor. Pero cuando hablamos del despertar espiritual, no hablamos de una experiencia personal. Hablamos de despertar del “yo”. Hablamos de ir de un paradigma a otro completamente diferente, de un mundo a otro.

Cuando se produce un verdadero y auténtico despertar, quién somos y qué somos queda claro. Ya no hay preguntas al respecto; está resuelto. Así, una de las señales del verdadero despertar es el final de la búsqueda. Ya no sientes el impulso, el tira y afloja. El buscador ha quedado revelado como la realidad virtual que siempre fue, y desaparece como tal. En cierto sentido, ha terminado su tarea. Ha proporcionado el impulso necesario para ayudar a sacar la conciencia o el Espíritu de su identificación con el estado de sueño, y le ha ayudado a volver a su estado de ser natural.

El sanar, casi siempre, implica un trauma de algún tipo: abrir viejas heridas, exponer a la luz energías reprimidas, ignoradas y mal entendidas; tratar de ver lo amoroso dentro de aquello que no amamos… es por esto que la sanación no siempre luce o se siente bien, o hermosa o amable.

Uno de los mitos más peligrosos y desconsiderados que hemos heredado de nuestra cultura es que la sanación debería ‘SENTIRSE BIEN’. ¡No! A veces nuestro dolor realmente aumenta y se intensifica conforme la oscuridad sale hacia la luz. ¡Pero el dolor que inmediatamente juzgamos como ‘malo’ podría indicar que nuestro proceso de sanación se está intensificando y alineando, y no que está estancado! ~ Jeff Foster

La luna de miel del despertar

Esta caída del buscador puede experimentarse como un gran alivio. Esta es una experiencia muy común entre los que despiertan. Cuando la conciencia despierta de si sueño de separación, hay una gran sensación de alivio. Por eso la gente empieza a reír o a llorar, o experimenta una intensa liberación emocional del tipo que sea: sienten el alivio de haber salido por fin del estado de sueño. A veces llamo a este momento el primer beso. El despertar es como tu primer beso espiritual, tu primer beso de la realidad, tu introducción a la verdad de quién y qué eres.

Esta luna de miel puede durar un día, una semana, seis meses o un par de años. Varía según la persona. Lo característico del periodo de luna de miel es la fluidez completa: no hay resistencia en tu ser, en tu experiencia. Todo fluye. La vida es un flujo; todo parece ocurrir por su propia volición. Es el conocimiento experimental de que en realidad todo se está haciendo, y que tú, como entidad separada, no estás haciendo nada.

En el sentido más profundo, esta luna de miel es una experiencia de no resistencia completa y total. Dentro de la no resistencia, la vida fluye maravillosamente y de manera muy hermosa, casi mágica. Las cosas aparecen cuando tienen que hacerlo. Se toman decisiones sin decidir realmente; en todo está presente una sensación de obviedad. Es la experiencia del Espíritu sin ningún impedimento, sin la corrupción de la ilusión, del condicionamiento o de la contradicción. Este fluyo puede ser una experiencia momentánea, o puede durar más tiempo. Algunas personas se sienten tan inmersas en la luna de miel que durante un tiempo están casi incapacitadas, perdidas en un estado de dicha durante una semana, un mes o incluso años.

*** Texto extraído del libro de Adyashanti, El Final de Tu Mundo

En el vídeo que comparto hoy se muestra como Papaji acompaña a una mujer que le pide que le ayude a verse a si misma, a tener un despertar espontáneo. <3


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falling in love

En algún momento de tu vida, probablemente hayas tenido la experiencia de enamorarte. De repente, en presencia de otra persona (o de una obra de arte, una flor, una pieza musical, una puesta de sol…, ¡porque puedes enamorarte de infinidad de maneras!), hay un simple asombro, fascinación, admiración. El pasado y el futuro desaparecen, la ilusión del tiempo se derrumba, y solo hay lo que es…, y es un milagro inefable. Ves realmente a quien, o a lo que, tienes delante. Sientes que por fin has encontrado lo que buscabas. Lo que siempre habías buscado está justo aquí, delante de ti. Es como volver a casa, como si algo de ti hubiera encontrado reposo

Pero la verdad es que no has encontrado el amor. Nadie ha encontrado el amor jamás…, ¡cómo si, de entrada, el amor fuera algo que uno puede perder! En realidad no has encontrado lo que buscabas; lo que ha sucedido es que, por un momento, tu búsqueda de amor se ha acallado. No es que el buscador haya encontrado el amor, ¡sino que el buscador ha desaparecido! Se ha detenido la búsqueda. Has dejado brevemente de buscar amor, y el amor que siempre había estado aquí se ha revelado. De repente, no había buscador, ni tiempo en el que buscar. De repente, no había nadie que estuviera separado de la vida. Había únicamente vida, en todo su misterio, su grandeza y su sencillez atemporal.

“Amor” es una palabra tan apropiada como cualquier otra para referirnos a lo que queda cuando la separación entre nosotros y los demás se disuelve. “Amor” hace referencia a la intimidad que palpita en lo más profundo de la experiencia presente, una intimidad que está siempre aquí, pero que rara vez advertimos.

La ilusión de la separación empieza cuando el pensamiento dice: “Te amo”. En otras palabras, yo, una personas separada, te amo a ti, otra persona separada. Tú me das el amor que buscaba. Tú completas mi búsqueda de amor. Tú eres el final de mi búsqueda. Es grandioso y sobrecogedor estar en presencia de alguien que encarna de ese modo el final de tu búsqueda. Es como estar cara a cara con Dios. No es de extrañar que cuando estás enamorado te flaqueen las piernas en presencia de tu amante o de tu gurú espiritual. No es de extrañar que a veces el sentimiento no quepa en ti. No es de extrañar que sientas que tienen sobre ti un extraño poder, ya que, inconscientemente, proyectas en ellos un poder que no poseen.

“Yo me enamoro de ti”. Lo que en realidad sucede es que la ilusión del “yo” y del “tú” cae, se desprende de golpe…; eso es el amor. Por eso, a “enamorarse” en inglés lo llamamos falling in love, literalmente “caer en el amor”, porque la ilusión de la separación cae, y lo que queda es el amor que siempre ha estado presente, pero que hemos pasado por alto mientras lo buscábamos.

Nunca ha habido dos personas que se hayan enamorado. El amor es la muerte de “dos”; es donde la ilusión de la separación termina. <3

En el instante en que creo que cualquier persona puede completarme, surge en mí el deseo de aferrarme a ella, de poseerla, de que me pertenezca, de retenerla conmigo. Cuando me olvido del amor que está siempre aquí, del amor que soy en esencia, y caigo en la ilusión de que el amor está contenido, de algún modo, en otra persona, quiero hacerla “mía”. Si indagas a fin de descubrir cuál es el origen del conflicto en las relaciones, probablemente descubrirás que en la mayoría de los casos se reduce a esta ilusión básica de la posesión: “Me perteneces”, “Eres mía”, “Mí novia”, “Mi novio”, “Mi marido”, “Mi pareja”, “Mi amiga”. “Y necesito que sigas siendo mía, porque ¿qué sería yo sin ti?”.

¿De verdad tiene alguien el poder de completarte? ¿Hay alguien que tenga la completud que buscas? ¿Puede alguien darte de verdad amor? ¿O es el amor que buscas en otra persona, en realidad, el amor – la profunda aceptación- que ya eres? ¿No será que en realidad te buscas a ti mismo, de un millón de maneras distintas?

En la realidad, ¿puede alguien de verdad ser mío? ¿Puede otra persona ser propiedad tuya? ¿Hace referencia a algo real la palabra “mío”, a algo que no sea un relato del pensamiento que aparece en este momento? No tiene nada de malo, por supuesto, creer que alguien es tuyo y que te completa. Es un cuento muy bonito que contar una y otra vez, si eso te hace feliz. Pero he aquí el problema: cuando intentas retener a alguien, inevitablemente empezarás a manipularlo de maneras sutiles y no tan sutiles. Cuando buscas el amor, la aprobación, la aceptación, el elogio o incluso la comprensión de otro ser humano, da igual quien sea, inevitablemente empiezas a decir y a hacer cosas para agradarle, para influir en él y para controlarlo, para ganártelo, para que siga en tu vida, para impedir que te deje. Y todo nace de tu miedo a la pérdida y, en última instancia, de tu miedo a estar solo e incompleto otra vez. Por supuesto, el resultado de esta manipulación es siempre el dolor, tanto para ti como para la persona a la que tratas de controlar.

Cuando intentamos retener a aquellos a quienes amamos, nuestro amor se vuelve condicional. Nos olvidamos de que el amor es incondicional por naturaleza, lo mismo que el océano es incondicional al acoger y aceptar tus olas. Nos olvidamos de quienes somos realmente y empezamos a buscar el amor fuera de nosotros. Nos olvidamos de que el amor nunca es resultado de la manipulación. Y nunca se puede perder o ganar, simplemente es.

***Jeff Foster, La más profunda aceptación

Hoy vamos a terminar con esta preciosa canción. Espero que os guste.  :)

¡Feliz semana!

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la mas profunda aceptación

He sido, la mayor parte de mi vida, un pequeño yo triste y solitario, una ola deprimida en el océano cósmico de la vida. Me sentía totalmente separado de ese océano, y vivía en lucha constante conmigo mismo y con los demás, sin disfrutar jamás de un solo momento de descanso. Pasé muchos años intentando desesperadamente encajar, triunfar, conectarme con los demás, encontrar el amor, descubrir mi sitio en el mundo, pero, a pesar de todos mis esfuerzos, caí en una depresión cada vez más profunda. Culpaba a todo y a todos de cómo me sentía: mis genes, la química de mi cerebro, la educación que recibí, mis padres, mis amigos, mi jefe, la crueldad de la vida, nuestra sociedad obsesionada con el dinero, los medios de comunicación, los carnívoros, los políticos, las corporaciones, los “malhechores”… Mi desdicha nada tenía que ver conmigo, o eso creía yo. Era la única respuesta posible a una vida que se había vuelto contra mí. La vida era cruel, era injusta, era hostil; la vida me había maldecido. La culpaba de mi desdicha, y sentía que tenía perfectamente derecho a hacerlo. “Si hubieras pasado por lo que yo he pasado, ¡tú también te sentirías como yo!”: así es como me gustaba justificar mi desdicha ante los demás.

La vida no había estado a la altura de mis expectativas, la gente me había defraudado y, por más que lo intentara, no tenía ningún control sobre el rumbo que mi existencia había tomado. A consecuencia de todo ello, acabé postrado en cama, sin energía para levantarme, asqueado, con un sentimiento de opresión y ganas de morir, sin fuerzas ni ánimo para hacer frente al día que se presentaba. ¿Qué sentido tenía salir de la cama? Detrás de la puerta de mi habitación, lo único que me esperaba era más desdicha. Sabía lo que era la vida, y quería eludirla a cualquier precio. La vida era dolor, y yo no quería sentir dolor.

¿Cómo había terminado así? En pocas palabras, a lo largo de los años había forjado muchas ideas sobre cómo debería ser la vida. Había recopilado muchas creencias acerca de la realidad, muchas teorías sobre la manera en que realmente funcionaban las cosas, muchos conceptos sobre lo que debía y no debía suceder en el mundo. Había llegado a infinidad de conclusiones sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, sobre lo que era bueno y era malo, lo que era normal y anormal, apropiado e inapropiado.

Y tenía muchas imágenes de mi mismo que había intentado sostener en pie, muchas exigencias sobre cómo quería que los demás me vieran y cómo quería verme a mí mismo. Deseaba ver y que los demás vieran en mí a un triunfador, a un hombre atractivo, inteligente, generoso, bueno, compasivo y virtuoso. Pero la vida se interponía continuamente en mi camino impidiendo que se cumplieran mis deseos; la vida, sencillamente, no me dejaba ser quien yo quería ser. La vida no me entendía. Nadie captaba quién era yo. ¡Nadie me entendería jamás! El hecho de ver frustradas mis expectativas de la vida y de juzgarme, además, a mí mismo continuamente me acarreaba dolor, y yo detestaba el dolor y no quería tener que soportarlo ni un minuto más.

A pesar de todo, alrededor de los veinticinco años, tras una serie de percepciones muy lúcidas, empecé a entender con claridad que, en el nivel básico, la depresión que sufría era en realidad la experiencia de mi profunda resistencia a la vida. No es que experimentara algo ajeno a mí llamado depresión. No es que algo llamado depresión me estuviera sucediendo. Lo que experimentaba era mi propia guerra interior con la manera de ser las cosas y, en la raíz de esa guerra, estaba mi propia ignorancia de quien era realmente. Había dejado de ver la completud de la vida; había olvidado cuál era mi verdadera naturaleza, e, indignado, me había lanzado a combatir la experiencia presente. Incapaz de darme cuenta de quién era en realidad, e identificándome por tanto como un “yo” separado, había entrado en guerra con el momento presente.

La depresión estaba enteramente relacionada con mi forma de ver el mundo: con los juicios que hacía de él, las creencias que tenía de él, las exigencias que albergaba sobre cómo debería de ser este momento. Por debajo de aquella tentativa de controlar mi vida con el pensamiento, estaba el miedo a los desafíos, a las pérdidas y, en última instancia, a la muerte. La resistencia que se oponía a la vida me llevó a una depresión extrema, suicida…, pero todos estamos desconectados de la integridad en mayor o menor medida, y el grado en que nos desconectamos de la integridad es el grado en que sufrimos. Yo me había desconectado de la vida totalmente, y el sufrimiento se hizo insoportable. Me había convertido en un cadáver andante, pero no era la vida la culpable de ello; inocentemente, lo había hecho yo, en mi porfiada búsqueda de una integridad futura que nunca iba a llegar.

En la raíz de la depresión estaba el sentimiento de que yo era una persona separada…, un yo individual, una entidad desvinculada de la vida en sí y apartada de este momento. Y aquel yo individual tenía que encontrar la manera de mantener, sostener y sustentar algo llamado “mi vida”…, de orquestarlo, de hacer que tomara la dirección en la que yo quería que fuera, de tener el control sobre ello. Eso es lo que me había enseñado desde muy niño, y eso es lo que el mundo me había estado gritando: se esperaba de mí que tomara las riendas de mi vida, que supiera lo que quería y fuera capaz de lanzarme a conseguirlo. Los demás parecían saber todos dónde estaban, qué hacían, adónde iban, y yo, en cambio, era incapaz de sostener en pie el relato de mi vida sin que me cayera encima y me aplastara. La depresión fue la experiencia de no ser capaz de mantener mi vida en pie y de sentir, como consecuencia, que mi vida, literalmente, me deprimía.

En la actualidad, veo que a todos nos “deprime” ( del latín premere, “presionar”, y de, “hacia abajo”) el peso de nuestras vidas, el peso de nuestra historia y de nuestros futuros imaginados. En este sentido, puede decirse que ¡todos estamos deprimidos en mayor o menor medida!, pese a que solo cuando el peso se vuelve prácticamente imposible de acarrear nos atribuyamos el calificativo de “deprimidos” y nos separemos de nosotros mismos y de los demás. Aunque no todos suframos de depresión clínica, todos vamos por ahí cargados con un relato de nosotros mismos que hemos ido elaborando, intentando hacer que nuestra vida vaya por donde queremos que vaya. Y, en uno y otro nivel, todos fracasamos en esa tentativa de ser quienes no somos.

Mi sufrimiento tomó forma de depresión, angustia existencial, timidez enfermiza y total falta de intimidad en mis relaciones. Pero todos sufrimos a nuestra manera; ahora bien, o vemos en el sufrimiento un estado terrible que se ha de evitar a toda costa o lo vemos por lo que realmente es: una señal muy clara que nos indica el camino de vuelta a casa.

En medio de la depresión extrema, brilló de pronto otra posibilidad: quizá mi fracaso al intentar sostener mi vida no fuera en realidad una enfermedad, una perturbación mental ni una señal de debilidad o de disfunción. Quizá, de entrada, aquella no fuera mi vida, la vida que debía sostener en pie, y yo no fuera quien pensaba que era. Quizá la verdadera libertad no tuviera nada que ver con ser una ola mejor dentro del océano, con perfeccionar el relato de mí mismo que me contaba. Quizá la libertad tenía que ver sola y exclusivamente con despertar del sueño en el que somos olas separadas, y con abrazar todo lo que aparece en el océano de la experiencia presente. Quizá ese fuera mi trabajo, mi verdadera vocación en la vida: aceptar profundamente la experiencia presente, desprenderme de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento, en vez de empeñarme en sostener una falsa imagen de mí mismo.

Empecé a perder interés en fingir que era lo que no era . Empecé a perder interés en oponer resistencia al momento presente. Empecé a enamorarme de la experiencia presente. Descubrí la profunda aceptación inherente a cada pensamiento, a cada sensación, a cada sentimiento, y el sufrimiento comenzó a caer en picado. Me di cuenta de que no era un ser defectuoso ni nunca lo había sido, y de que esto era igualmente aplicable a todos los demás seres humanos del planeta.

El sufrimiento humano puede parecer tan insondable, incontrolable, impenetrable…, un  problema demasiado descomunal para poder remediarlo. A veces parece tan sin sentido, tan inexplicable y tan fortuito y repentino que lo único que uno puede decir es: “¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?”, “¡Debe de ser por mí, por mi forma de ser!”, “Será que es mi sino sufrir así!”, “Seguro que es la genética, o algún desequilibrio químico del cerebro”.

Yo no creo que haya nadie fundamentalmente incapacitado para la vida, que nadie tenga que sufrir, que haya ninguna desdicha predestinada o inherente a nosotros en modo alguno.

Lo que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el momento. Oponer una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo, y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de responder a la vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o que debería ser.

Todo mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció para hacerme ver -de la manera más dramática que cabe- hasta qué punto me había desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos indica el camino de vuelta a la integridad.

Con frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la vida. Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.

Cada ola es una expresión única del océano, y cada ola sufrirá de una manera distinta. Tu sufrimiento es tu invitación sin par a que retornes al océano.

Mi depresión apuntaba directamente al despertar espiritual. Mi depresión indicaba que el camino de vuelta a quien soy realmente, que está siempre en profundo reposo; era una invitación a soltar la carga de mi pesado relato sobre el pasado y el futuro, y a descansar profundamente en la experiencia presente; era una invitación a despertar del sueño de la separación. Solo que tardé cierto tiempo en aceptarla.

Comprender que nada exterior a nosotros provoca en realidad el sufrimiento es la clave de una increíble libertad. Las circunstancias nunca pueden ser realmente la causa de nuestro sufrimiento; es siempre la respuesta que damos a las circunstancias la que nos hace sufrir. Sufrimos solo cuando buscamos la forma de escapar de ciertos aspectos de nuestra experiencia presente, y al hacerlo, nos separamos de la vida y entramos en guerra con nosotros mismos y con los demás – a veces de manera obvia y a veces de manera muy sutil-. Nuestro sufrimiento tiene sus raíces en la negativa a sentir lo que sentimos, a experimentar lo que experimentamos ahora mismo. El sufrimiento es inherente a nuestra guerra con la vida tal como es, inherente a la ceguera que nos impide ver que todo lo que sucede en el momento está siempre aceptado, en el sentido más profundo.

***Texto extraído del libro de Jeff Foster, “La más profunda aceptación (Despertar Radicalmente a la vida ordinaria)” una lectura que recomiendo por su belleza y profundidad. <3

Que disfrutéis de esta semana 😊

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playa

Gracias a la fantástica acogida que tuvo la promoción de verano, y dado el interés y los buenos resultados obtenidos con esta herramienta de El Código de la Emoción, he decidido volver a lanzar esta promoción este verano. :)

Para todas aquellas personas que ya han probado esta herramienta y para los que quieren iniciarse en este trabajo tan sencillo y efectivo, vamos a empezar este verano limpiando y liberando viejos bloqueos emocionales. ;)

Esta es la promoción:

¡PAGAS 2 SESIONES VÍA MAIL Y TE REGALO OTRAS DOS! :o

Voy a explicarte las condiciones por si fuese de tu interés:

En esta promoción pagas dos sesiones vía mail y te llevas de regalo otras 2 sesiones GRATIS, por lo que ¡las sesiones te salen a mitad de precio! La promoción es sólo válida para sesiones vía mail, NO aplica a sesiones telefónicas. La diferencia con respecto a las sesiones telefónicas es que en las sesiones vía mail no hay que fijar cita, yo libero las emociones que tu subconsciente me permita y una vez terminada la sesión te hago llegar la lista de lo liberado con algunas recomendaciones para los días posteriores a la misma.

Cada cliente solo puede apuntarse a una plaza, es decir no es acumulable como en otras promociones. Si te apuntas a la promoción de julio las cuatro sesiones se llevarán a cabo en julio a razón de una sesión semanal hasta que se completen las 4 sesiones de la promoción. Yo os indicaré cuando se llevará a cabo cada sesión, os enviaría un mail el día antes de realizar la sesión.

La efectividad de las sesiones vía mail es la misma que la de las sesiones telefónicas y no requiere por tu parte de ninguna preparación previa.

Las sesiones pueden ser para ti o puedes regalarlas a las personas que desees. En este último caso lo único que necesito es el consentimiento de la otra persona para poder llevar a cabo la sesión. Puedes también compartirlas con algún amigo/a y de esta forma compartir también los gastos de la promoción (en este caso el pago debería ser único por el importe total de la promoción).

Esta promoción está restringida a 10 personas y las plazas se cumplimentarán por riguroso orden de solicitud. Para apuntarte a esta promoción tienes hasta el viernes 27 de junio. Las sesiones se llevarán a cabo las semanas del 30, 7, 14 y 21 de julio a razón de una semanal. ¡Recuerda que al ser un número limitado de plazas cuanto antes te apuntes antes te aseguras tu plaza! :)

Si quieres conocer el precio de esta promoción, tienes alguna duda sobre la misma o si estás interesado en reservar tu plaza puedes escribirme un correo a : ipieracode(arroba)gmail.com (por favor no escribáis pidiendo información en los comentarios de esta entrada sino a través del correo electrónico que os propongo, de esta forma os aseguráis que os contesto. Gracias)

Si conoces a alguien a quien esta información le pudiese beneficiar por favor no dudes en compartirla con ellos. ¡Compartir el Código de la Emoción es compartir Bienestar! :)

***En el caso de que estés en este momento ya trabajando conmigo y estés interesado en esta Promoción, puedes apuntarte sin ningún problema. Tus sesiones en ese caso empezarán una vez hayamos terminado con el trabajo de liberación en curso.

Espero que esta promoción os haya resultado interesante. Os doy las gracias por vuestra fidelidad a este espacio y por vuestro interés en esta herramienta. <3

Y nos despedimos con una de mis voces favoritas, Soledad Giménez, en una canción preciosa “La felicidad” de la mano de Ana Belén.

La felicidad, son momentos de descuido, ese instante que saluda y ya se ha ido…

*** Esta promoción no aplica a la liberación de El Muro del Corazón que tiene su promoción específica: promoción de El Muro del Corazón

Un abrazo enorme,

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